martes, 1 de enero de 2008

CAPACITORES Y DIALECTICOS

Estás ausente, le había dicho su psicoalisista después de que ella le narrara una semana común. Y casi así terminó la sesión. Era la primera vez, aún a sabiendas de que así se sentía día a día, que ella se permitió sentarse a pensar. Qué bueno sería estar ausenta al estilo Pablo Neruda, pensaba, y que eso le gustara a alguien. Pero no, ella estaba ausente al mejor estilo Benedetti, ella se quedaba inmóvil al borde del camino. Como de alguna manera ella ya percibía su inmovilidad, su sensación de espectadora de la vida hace tiempo, es que no había aún permitido que se le congele el júbilo, ni querer con desganas, y ni siquiera se había guardado del mundo solo un rincón tranquilo. Eso, simplemente, porque no sabía dónde encontrarlo.
Vale aclarar que ella es Oriana. No es ni grande ni chica. Vive sola en un departamento de la zona de facultades pero ya no es una estudiante. Es socióloga, y ese no es un dato menor. Tiene una pareja estable, mamá, papá, hermana, cuñados, amigas y ahora, hasta un sobrino...una pelotita rubia de ojos claros. Y ahora que lo pienso, tal vez ese sea hoy el rincón tranquilo del mundo de Oriana. No lo ve todos los días, pero es para lo único que se hace un espacio, para lo único que con ímpetu levanta la cola de la silla y sale rajando. Hasta el tren se toma para ir más rápido, lo que no le encanta, dicho sea de paso.
Oriana, y todo su entorno, es de clase media, puede comer todos los días, comprarse botas y polleras, pagar los impuestos, el alquiler y todo lujo que quisiera, de vez en vez, podría dárselo. Oriana no se queja de la vida que lleva. Tiene sus amigas. Ellas, sus eternos confidentes, sus locas del alma, sus cuestionadoras, sus orejas. Tiene su trabajo, en la empresa de su familia, con todos los pros y contras que eso puede tener pero con un pro especial, no menor en nuestros días: la estabilidad económica y laboral. Además Oriana está hacieNdo el profesorado de sociología, escribe de vez en cuando alguna idea que le sale como pajaritos de la cabeza y cuando se le antoja va al gimnasio.
Pero Oriana está ausente. Y ella de verdad lo sabe. No está muerta, lo percibe porque acaba de darse el dedo chiquito del pie izquierdo contra la esquina de la pared. Ese dolor no lo sentiría si estuviese muerta, pensó, todavía hay tiempo, todavía podía decirle presente a su vida. Porque ahí estaba el problema de Oriana. Ella estaba ausente sólo en su vida, la había dejado de lado a costa de salvarle un pedacito de vida a cada uno de los seres que la rodean (Bueno, en realidad ella lo vive así, muy probablemente los seres que la rodean ni lo sepan). Trabajos heroicos si los hay. Tan heroico que empieza a ser estúpido. Es como cuando uno miraba de niño esos dibujitos animados de súper héroes. Oriana podría ser cualquiera de esos personajes, la mujer maravilla, She-ra o el hombre araña. Salvando la vida de los demás, pero cuando se saca el antifaz no queda nada, la casa está vacía, su soledad está sola.
Oriana en realidad no está sola, tampoco seamos injustos con Francisco. Lo cierto es que Francisco comete muchos errores, tiene demasiadas  responsabilidades, trabaja, estudia una nueva carrera, aún ya siendo profesional, y eso basta para ocuparle el 75% de su tiempo. Vive solo en un departamento cerca del trabajo de Oriana, tiene su auto, su estabilidad. Es un
hombre fuerte y esa fortaleza suele transmitírsela a Oriana. Francisco tiene la particularidad de no estar casi nunca con ella pero estar igual presente. Y eso no solo porque ella lo piensa todo el tiempo y todo lo que hace es de alguna manera para él, sino porque realmente se ocupa de estar aunque no pueda. Si Oriana se pone loca, o triste, o angustiada, aunque esté adentro de las formulas de capacitores y dieléctricos, él va a estar al menos ese minuto en el teléfono. No Oriana, yo estoy con vos, siempre le dice, vas a ver que cuando termino nos vamos de paseo. Ojo, esta es una capacidad que Francisco adquirió el último año. Yo creo que él sabe que está haciendo demasiadas cosas, y en su afán de no perder la relación aprendió a mimarla. Es que Oriana es jorobada pero simple a la vez, basta cuidar un poco las palabras para convencerla y mantenerla contenta por un rato.
Sin embargo, esto es lo que más ayuda a Oriana a estar ausente. Ella quisiera casarse mañana, ella quisiera estar en casa esperando con la comida caliente y la cocina limpia, leyendo o creando, a que Francisco vuelva de sus absurdas clases de física. Y mientras ello no suceda, está inmóvil, ausente. Se tira en el sillón de su living a ver programas de televisión que jamás vería sólo para matar el tiempo, hasta las 22:30 que Francisco llega de la Universidad y la llama.
Ahí ya se puede ir tranquila a la cama, a leer su libro de turno. Ella ama estar a su lado, mirar juntos el partido, una película, tomar un vino comiendo empanadas de cantimpalo y ajíes. Ella ama cantar al son de su guitarra y que él la mire con ternura y no se queje de sus alaridos. Ella ama estar tirados en la cama... ni hablar cuanto ama hacer el amor con él. Ella ama todo eso pero no lo disfruta. A veces pareciera que sí, pero la verdad es que no. Su cabeza siempre está lejos.
Oriana vive con miedo, miedo a perderlo, miedo al tiempo. Cuando no lo ve le da miedo que no vuelva nunca más, ni hablar si la deja sola un sábado. Oriana no sabe qué hacer si está sola... Con todo lo que quisiera hacer, con todo lo que debe hacer!! Oriana no sabe disfrutar su soledad acompañada, que al fin y al cabo es lo que tiene. Oriana no puede disfrutar su intelectualidad, cuando está sola se queda inmóvil al borde del camino. No produce. Hasta es capaz de ponerse cualquier obligación fuera de casa para no tener que encontrarse con ella misma y todas sus posibilidades y potencialidades.
Oriana piensa todo esto e intenta responderle a su psicoanalista la pregunta de por qué está ausente. Y todo esto a ella le parece injusto. Porque será un gran paso reconocerlo, pero de nada sirve si no lo cambiamos. Así que Oriana reconoce que tiene que aprender a vivir sola. A disfrutar sus tiempos y espacios, a comprar la soga para colgar la ropa que lava, a limpiar el departamento, a comprar lo que falta en la alacena. Y de una buena vez dejar de vivir como si mañana se fuera con su príncipe azul. Oriana necesita condicionar su espacio, sus tiempos y su cabeza.
A Oriana la abandonaron. Marx, Foucault, Bourdieu, Freud. Las teorías con las que mira el mundo dejaron de servirle para arreglar su propia vida. Ella se ha quedado en la teoría, le da miedo ir a la práctica. Marxistas truchas si las hay. La abandonó Serrat y sus cantares, Cortázar y sus demandas a la vida cotidiana, Sabina y sus libertades. La abandonó Simón de Beauvoir y todo el feminismo combativo. Ya no le servían si solo los usaba para analizar la sociedad. Soy parte de la sociedad, medita, debería empezar a investigar sobre mí misma. Ya no hay que salvar el mundo, ahora tiene que salvar su vida. No te salves, piensa y sonríe. Y eso es lo que tiene que hacer en realidad, no salvarse sino tirarse a la vida, a su vida. No esperar. No impacientar.
Mientras piensa todo esto se prepara un café con leche. Es sábado y aún no ha tomado el desayuno. Nunca se da espacio para tomar el desayuno, ni siquiera los sábados que no tiene nada que hacer. Mientras vierte el agua en la tazota del dibujo del enano gruñón de Blanca Nieves recuerda a Francisco diciéndole “el agua para el café no tiene que hervir, sino se quema”.Francisco tiene una sensibilidad diferente, ella es lo que más ama de él. Piensa en cuanto lo envidia por saber manejar su propia vida y amarla al mismo tiempo. A veces la descuida un poco. Lo que pasa es que para ella, que arma su vida alrededor de él, es difícil de comprender y sobrellevar.
Mientras toma el café mira su computadora, esa notebook vieja que él le regaló para que ella pueda hacer los trabajos de la facultad y escribir. Porque ella siempre quiso escribir, investigar.
Hoy se levantó, encendió la maquina y se puso a escribir. Esta vez no fue sobre el peronismo, esta vez fue sobre ella misma.

Impulsada, claro, por mi psicoanalista cuando me dijo que estoy ausente.

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