Pasado cierto tiempo ya no te importan demasiado los detalles entendes que no hay una manera y te lanzas. Pensas que lo mejor sería caer en una cama elástica que te lleve bien arriba, bien rápido, pero arriba no duras nada, te volves a caer y siempre en la cama elástica y estas ahí yendo y viendo en el stop and go de la vida. Así que no, preferís que en una de las caídas libres alguien sea generoso y te corra la cama, la elástica y la del dormitorio cosa de evitar sucumbir en sueños de los que nunca te despertas, que son pura mentira porque no son sueños sino miedos y sabes que ahí las ilusiones no caben así que un dos tres seamos gatos y caigamos lo mas parados posible y perdiendo la menor cantidad de vidas para la famosa toco fondo y me doy un empujón o como bien dicen algunos para tomar impulso y llegar mas alto o para llegar al fondo de uno y escarbarse un rato. Pero resulta que para ese momento ya me olvidé de lo que estaba diciendo y pasado cierto tiempo, ya no te importan demasiado los detalles.
PALABRAS HABITADAS... De los hechos a las palabras
"En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas" Julio Cortázar
viernes, 23 de noviembre de 2012
martes, 17 de julio de 2012
No sabe quedarse callada. En la búsqueda por la palabra justa, derrocha alientos. Siempre se quita una prenda de más. El corazón. No entiende que hay un pedacito que es solo de ella. Que no debe compartirlo con nadie, si espera que su corazón se mantenga firme siempre. Pero no. Se rompe porque lo expone. Metiendose la mano entre las costillas lo arranca de cuajo, lo sacude un poco, le pasa un trapito, y lo entrega a mano suelta. Cada vez que lo devuelve a su cuerpo el corazón es mas pequeñito. Le falta un pedacito, o esta ajado. Y eso es lo peor. Porque el problema no es exponerlo, sino el yeso que pone por unos dias para que se reconstruya.
miércoles, 1 de junio de 2011
Se fue. Y se sintió feliz. El dolor en el alma la hacía feliz. Saber que perdía la hacía feliz. Encontrarse sola. Caminar por la calle. El frio. El calor del subte. Ir hacia ahí, porque sí. El mate caliente. El cigarrillo. La mano amiga. Y no sabía que sentía. Porque le dolía el pecho, pero se reía satisfecha. ¿Por abrirse? ¿Por alejarse? ¿Por no sostener? Y hacer todo esto era alejarse de esa mujer de antaño, esa que tenía miedo, que se aferraba al amor cual niño a la pollera materna. Pero qué era el amor… Una construcción… claro. De a dos. ¿Y de a uno? No, de a uno no se podía. Y eso era lo que más satisfacción le daba. Plantarse en el deseo de ser dos. Ya no más sostenes, no más juegos ajenos. Ahí. Parada. Tiesa. Sola. Desnuda. Se piensa. Se enrosca. Se repiensa. Se siente. Sola. Y feliz. Sola. Y completa. Pero dolía. Un dolor muy raro. Desconocido. Apacible. Silencioso. Pero punzante y tajante.
Estrategia
Y los dolores, y las frustraciones, y los miedos, y los conflictos, y los golpes, y las caídas. Ahí, a flor de piel, son jugadores, no opciones. Y juego contra ellas. Trato de llegar primera, de ganarles. Pero a veces el juego de la vida se hace detestable, y prefiero jugar al T.E.G. Y viste que ahí en algún momento tenes que asociarte, firmar pactos. Y ahi están ellas, las risas, el llanto, la sencillez, la caricia, pero también los dolores y las frustraciones y los miedos y los conflictos y los golpes y las caídas... Y ahí, ahí te das cuenta, una vez más, que tenes que patear el tablero a la mierda, o con todo esto armar el juego propio. Ni mío, ni tuyo, ni de nadie. De los que elegimos para rellenar este camino hacia la nada.
Porque no vamos más que hacia la muerte.
Sujetador de almas
Y empecé con Mariela, que mi cuerpo la quería tanto. Primero me daba bronca que sólo me llamara cuando estaba mal. Después me fui dando cuenta que era el mejor momento porque su vulnerabilidad me permitía todo. No es que hayamos pasado a mayores. No, no. Pero sujetar el alma es una forma de sujetar todo el resto del cuerpo. Y la abrazas por detrás, pasando tus brazos por debajo de sus axilas, y la apretas fuerte. Y casi que le sujetas los pechos mientras le sujetas el corazón. Y ella se estremece. Ella y todas. Y cuando se estremece inclina la cabeza, y a vos te permite sujetarle la cabellera con tu rostro, especialmente con la pera. Y te llenas de olores. Y cada vez tu espalda está más cerca de la suya. Y te imaginas como sigue. Pero para ella sólo le sujetas el alma. Y sonríe. Su mueca acaricia tu rostro. Luego cruza sus brazos sobre los tuyos, y te agarra de los codos y te aprieta más cerca de su cuerpo, casi la traspasas. Pero solo busca que le sujetes el alma. Porque mientras te habla de Francisco, y de Ernesto, e incluso a veces del padre. Y vos, ni un amigo. Solo un sujetador.
Mariela no era fácil. Pero con el resto de las mujeres - que no me gustaban - era una pavada. Un trabajo más. Esos que la primera semana, el primer mes, te parecen increíbles, pero después siempre la misma cantinela. Y además ad honorem, así que yo tenía que romperme el alma laburando de cualquier cosa, porque este laburo no tiene horario. Pero con Mariela era distinto, disfrutaba culposamente de sus caídas, de su necesidad de sentirse sujetada, de sus desamores, de sus mates. Y la abrazaba por detrás, a veces ella sentada, yo arrodillado.
Mariela había sido como una tesis de doctorado.
Pero sujetar su alma era estrolar la mía contra el piso.
Y fue ahí que te conocí.
Flotando.
No me sujetes el alma. Camina a mi lado. ¿Te es tan difícil? Solta los brazos. Yo no los necesito. Salvo que caiga. Te juro que te aviso. Parate, dale. Dejame de hinchar. Dónde aprendiste semejante tontería. No somos todas iguales. Yo no necesito que me sostengas. Dale, por favor, sentate ahí. Dame un mate. Cebamelo vos a mí. Qué mal acostumbrado estás, por Dios. No sé, no me importa Mariela. Te digo que no somos todas iguales. Yo quiero que camines al lado mío. Podes sujetarme el hombro. ¿El alma? No, el alma no. Quereme. Cuidame. Protegeme. Amame incluso. Pero, ¿sujetarme el alma? No, corazón, deja que yo me agarro fuerte de mis sueños, mis anhelos, mis más profundos deseos. Eso, eso me cobija el alma. Mi yo puro. Mi soledad. Mis mañanas de lluvia densa. Mis noches iluminadas. Yo me sujeto el alma. A vos, a vos te quiero al lado. Ni arrodillado ni subido a una escalerita. Al lado. Acá. Acostate. Dale. Relajate. Dejate cuidar. Relajate. Pensa. Soñá. Acaricia tu alma. Dale, yo me ocupo de la mia. Pero nos ayudamos. Nos queremos y nos damos mimos.
Y sujetate fuerte.
Y sujetate fuerte.
Amar es caer al abismo.
domingo, 29 de mayo de 2011
Hagan sus apuestas
Y evidentemente un día decidiste jugar solo el juego de la vida. Imponer tus propias reglas. Tiraste a la mierda todos los muñequitos y quedó sólo uno. Y un autito, claro. Porque en ese juego de la vida se avanzaba en auto. Imagino también que habrás cambiado el tablero. O lo habrás desechado directamente. ¿Para qué? Te marcaba momentos, te decía lo que hacer, con quién y hasta cómo.
Pero pensaba si era la manera. Porque claro, me intriga. Me intriga saber si será esa la salida por donde tengo que huir. Yo siempre jugué el juego de los otros. Pero nunca decidí jugar sola. Me fueron abandonando. Se ve que mis actitudes competitivas no agradaban. Y se fueron todos. Y quizá sea la opción. Sacar el tablero a la mierda. Bajarme del autito e ir caminando por otros senderos, sin otros, sin reglas de otros, sin más problemas que los míos. Y ahí me pregunto si los otros son el problema o nosotros nos obligamos solitos. Por qué sujetamos si no queremos. Por qué encontrar el goce en algo tan repugnante. Por qué no equilibrar la balanza y hacer reglas nuevas.
De vida.
No de juego.
sábado, 2 de abril de 2011
Quedarse...
Ovidio se tumbó sobre la cama y pensó en olvidar. Había decidido tomarse la semana de vacaciones y hacer ese viaje al interior… al interior de su país, de su alma, de su cerebro agotado. Y ahí tumbado miró por la ventana y por el cuadro, que era tan parecido a la ventana que ya no sabía por dónde miraba. Y la idea de que lo miraran lo dejó perplejo, porque él estaba solo y así quería estar, sin que nadie lo mirara ni mirar a nadie.
Sin embargo, tumbado en la cama, miró el techo y no se podía explicar cómo estaba tan bien pintado, tan blanco, tan lejano, tan alto y tan bien pintado, debieron usar una escalara muy alta, aunque solo había una silla en la habitación, pero con esa silla no, no se podía, no se llegaba. Quizá la silla arriba de la mesa, pero sería muy peligroso y estaba todo tan blanco que pensó en lo imposible de que alguien se hubiera caído desde ahí, hubiera salpicado sangre y se notaría, porque eso es lo que tiene de malo el blanco.
Y entonces se levantó y se sentó en el silla y la sintió fuerte, pero no tanto como para pintar toda la habitación parado ahí arriba. Pero ya no lo importó, porque de golpe se sintió feliz de no pensar en nada, de estar callado y una terrible felicidad le habitó los silencios. Y era la primera vez que le pasaba, que se escapaba y se sentía feliz, y la ventana no le daba ganas de irse y el cuadro torcido no le daba ganas de levantarse. Y ahí se dio cuenta fácilmente de cuál era el cuadro y cuál la ventana… Aunque el cuadro era tan parecido a la ventana.
Y se sintió solo, pero consigo mismo, que no era lo mismo que estar solo, porque él siempre había estado solo pero con mucha gente alrededor, pero ahora él estaba ahí, pensando en techos y cuadros y ventanas y nadie le diría que se ponga a trabajar o a estudiar y se sintió tan cerca suyo que de golpe se acordó de que se llamaba Ovidio y por primera vez lo pronunció en voz alta y serena, sin avergonzarse del nombre que le habían puesto sus padres. Y Ovidio retumbó por las paredes de algodón, como un grito suave, algo de libertad, algo de relajo. Y su nombre le habitó los silencios y los llenó de vida y Ovidio se sintió dichoso de estar solo y que el cuadro estaba torcido y era cuadro, y que la ventana no servía como escape, porque el escape lo encontró mirando el techo que era muy blanco y pudo pensarlo y decirlo sin que nadie se burlara, porque él era Ovidio y pudo quedarse tumbado en la cama sin que nadie lo molestara.
viernes, 1 de abril de 2011
En algún rincón descansa
lejos de lo cotidiano
cerca de los sueños
se aparece de a ratos
pero sigue descansando en ese rincón
de golpe un día
una noche
un asombro
sale
huye cual niño de la penitencia cumplida
asoma curioso desde el rincón
vive
se te acerca
y te abraza
no te suelta
no te dejas soltar
en algún rincón descansa
parte de lo cotidiano
cerca de los sueños
martes, 1 de marzo de 2011
Del cajón de la mesita de luz
Solo queda mi ausencia
El no tener un dormitorio fijo
La radio portátil que ya no suena a Dolina
Una lapicera que hace 3 meses no escribe
Varias briscas perdidas en San Luis
Un "si" brillante dado en vano
Un “no va mas” tirado de una alianza inútil
Las hebillitas que agarraban mi libertad
Y soltaban mi pelo
Una tirita de clonazepan
Una esperanza
Un no vivir más con mamá y papá
Ni con él
La soledad más acompañada que nunca tuve
Los sueños que ahora si voy a cumplir
Un vacio a llenar
Un vuelto en pesos uruguayos
Un viaje que no hicimos juntos
Una chilena suelta en México
que busca rehacer su vida
Y yo
la mía.
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