miércoles, 1 de junio de 2011

Flotando.

No me sujetes el alma. Camina a mi lado. ¿Te es tan difícil? Solta los brazos. Yo no los necesito. Salvo que caiga. Te juro que te aviso. Parate, dale. Dejame de hinchar. Dónde aprendiste semejante tontería. No somos todas iguales. Yo no necesito que me sostengas. Dale, por favor, sentate ahí. Dame un mate. Cebamelo vos a mí. Qué mal acostumbrado estás, por Dios. No sé, no me importa Mariela. Te digo que no somos todas iguales. Yo quiero que camines al lado mío. Podes sujetarme el hombro. ¿El alma? No, el alma no. Quereme. Cuidame. Protegeme. Amame incluso. Pero, ¿sujetarme el alma? No, corazón, deja que yo me agarro fuerte de mis sueños, mis anhelos, mis más profundos deseos. Eso, eso me cobija el alma. Mi yo puro. Mi soledad. Mis mañanas de lluvia densa. Mis noches iluminadas. Yo me sujeto el alma. A vos, a vos te quiero al lado. Ni arrodillado ni subido a una escalerita. Al lado. Acá. Acostate. Dale. Relajate. Dejate cuidar. Relajate. Pensa. Soñá. Acaricia tu alma. Dale, yo me ocupo de la mia. Pero nos ayudamos. Nos queremos y nos damos mimos.
Y sujetate fuerte.

Amar es caer al abismo.

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