Se fue. Y se sintió feliz. El dolor en el alma la hacía feliz. Saber que perdía la hacía feliz. Encontrarse sola. Caminar por la calle. El frio. El calor del subte. Ir hacia ahí, porque sí. El mate caliente. El cigarrillo. La mano amiga. Y no sabía que sentía. Porque le dolía el pecho, pero se reía satisfecha. ¿Por abrirse? ¿Por alejarse? ¿Por no sostener? Y hacer todo esto era alejarse de esa mujer de antaño, esa que tenía miedo, que se aferraba al amor cual niño a la pollera materna. Pero qué era el amor… Una construcción… claro. De a dos. ¿Y de a uno? No, de a uno no se podía. Y eso era lo que más satisfacción le daba. Plantarse en el deseo de ser dos. Ya no más sostenes, no más juegos ajenos. Ahí. Parada. Tiesa. Sola. Desnuda. Se piensa. Se enrosca. Se repiensa. Se siente. Sola. Y feliz. Sola. Y completa. Pero dolía. Un dolor muy raro. Desconocido. Apacible. Silencioso. Pero punzante y tajante.
y las risas amiga, que curan cualquier dolor.
ResponderEliminarte amo y estoy orgullosa de todas y cada una de tus palabras.